La Vida Matrimonial en Nuestra Cultura Yoruba
Mientras la mayoría de los hombres yorubas tienen tradicionalmente la profesión de ser dueños de granjas o artesanos, las mujeres por lo general están involucradas en el comercio. La vida matrimonial en nuestra cultura yoruba, se toma como un compromiso para velar por el bienestar de todos los componentes de la familia y que la misma sea numerosa.
En la granja, las mujeres a veces cuidan las verduras o ayudan a transportar el producto. En el área fronteriza entre Ifé y Ondo, las mujeres reciben una suma anual de dinero de parte de sus maridos por su trabajo en la granja. Su papel principal, sin embargo, es procesando o vendiendo comestible.

Aunque el marido es el responsable de las deudas de su esposa, en la vida matrimonial de nuestra cultura yoruba, se espera que él le de los medios para que ella trabaje e incluso le proporcionará capital para que ella instale su propio comercio. Después de algunos años de matrimonio, la esposa querrá seguir con su empresa propia, para dejar algo para sus hijos. Si ella es comerciante, esto puede involucrar que no tenga tiempo suficiente para atender al marido, por lo que éste puede optar por adquirir una segunda esposa para que haga las tareas domésticas. El marido ideal es aquel que permite a su esposa seguir con su propia carrera, sin obstáculos. Cuando los niños de una mujer crecen, una de sus preocupaciones principales es financiar su educación, y defender sus intereses delante de los hijos de las otras esposas de su marido. Así para la mayoría de las mujeres yorubas los papeles de esposa, están estrechamente relacionados entre la maternidad y el comercio.

Los gastos de la casa se dividen entre los esposos, según el ingreso de cada uno. El marido normalmente proporciona la casa y hace las reparaciones que fueran necesarias. También es quien paga las comidas principales y da algún dinero para la educación y ropa de los niños. La esposa se debe vestir a sí misma y proporciona el resto de la ropa de los niños y otros artículos para la comida y la casa. Cuando el marido está lejos en la granja, su esposa puede ser casi completamente responsable por su alimentación y la de los niños. Algunas veces en el año, las mujeres tienen más probabilidad de tener dinero en efectivo que los hombres. Muchas esposas yorubas van a lejanos lugares para pagar por la educación de sus niños cuando a sus maridos no les alcanza el dinero para hacerlo.
Normalmente el hombre casado con más de una mujer, intenta tratar a las esposas por igual, dando una suma igual de dinero a cada una de sus esposas para que costeen la educación de sus niños. Si alguna tiene más dinero, es porque esa madre ha podido conseguir dinero de su trabajo. Es común que la etapa escolar de un niño sea interrumpida por varios meses o incluso años si los padres no pueden pagar.
En los primeros años del matrimonio, la esposa está principalmente interesada en tener hijos, acompañar a su marido a la granja y cocinar para él. Cuando los niños todavía son chicos, hay una pequeña presión en ella para que aumente su propio nivel de ingresos, pues cuando los niños comiencen la escuela, se necesitará más dinero.
La poligamia es base fundamental en este ciclo, pues apunta al bienestar familiar y a un mayor número de descendientes. Por encima de todas las prioridades de muchos hombres yorubas, está el adquirir una segunda esposa para que se encargue de los deberes de la casa, dando más tiempo a la esposa mayor (la primera) para hacer dinero comerciando. Si la esposa mayor lleva a los niños cuando va al mercado a vender, ella necesitará también ayuda extra. También existe la posibilidad de enviar a los niños de edad escolar a vivir con los parientes de sus padres, mientras la madre busca algún pariente soltero, pero lo suficientemente adulto como para ayudarla en su trabajo o para que cuide a los niños más chicos (En caso de no tener a nadie, puede contratar a una criada). Finalmente, una vez que una mujer tiene nietos, ella puede ayudar a cuidarlos, transformándose en un gran apoyo. Sólo aquellos hombres que son propietarios de mucha tierra y dinero, son los que actualmente pueden tener más de una esposa, pues debemos recordar que debe mantenerlas y proporcionarles techo. Debe además entenderse que los matrimonios no se hacen por amor o atracción como en occidente, sino que su finalidad tiende a continuar el linaje y formar una sociedad familiar-comercial, donde todos trabajen por el bienestar común.
![]() En la foto, el anterior Alaafin de Oyo (que ya no está entre nosotros), Oba Lamidi Adeyemi posando junto a algunas de sus esposas. Tuvo 18 esposas mientras vivía. |
Dentro de la tradición no se usan los anillos para identificar a los esposos, en la vida matrimonial de nuestra cultura yoruba, la costumbre es que las esposas usen la vestimenta hecha con la misma tela, es decir como un uniforme, todas iguales. De este modo se pueden identificar a simple vista a las distintas parejas de casados o de hombre y esposas, pues llevarán ropas confeccionadas con la misma tela. A veces también el uniforme, puede extenderse a todo el grupo familiar, incluyendo a los hijos.
Un matrimonio sin hijos es considerado un fracaso, dicha pareja es desafortunada y se piensa que fue castigada por las divinidades. Los hijos en nuestra tradición son sinónimo de alegría, bendición, continuación del linaje a través del cual vuelven constantemente nuestros Antepasados para seguir con sus destinos en el Mundo; pero además los hijos son quienes en un futuro cuidarán de nosotros, del hogar y continuarán con las tradiciones cuando seamos viejos. Aquel hombre o mujer que viene al mundo y no deja su semilla, no cumple con sus Antepasados, pues no permite que éstos pueden encarnar nuevamente en un niño, es como un árbol frutal que no da frutos o un río seco.
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