
La Tortuga y el Elefante (Ajapa ati Erin)
En la antigüedad, al poco tiempo en que el mundo fuera creado por Òrìṣànlá, tanto los Seres Humanos como los Animales bajaron desde el Cielo para habitarlo. En aquel tiempo, los Animales podían hablar con los Humanos, se dice que incluso convivían en paz unos con los otros en igualdad de condiciones. En cierto lugar de la tierra yoruba, había un poblado llamado Gbogan, donde vivía un Rey poderoso que lo gobernaba desde que dicho pueblo fuera fundado. El Rey ya estaba anciano y en consecuencia, su salud se había debilitado a tal punto, que estaba al borde de la muerte. Sus súbditos habían traído al palacio a diversos doctores tradicionales (onisegun) para que lo curaran, pero ninguno había tenido éxito. Finalmente, fueron a buscar a Ikúméjakako, un temido curandero que vivía en el bosque de la muerte. Luego que éste examinara su enfermedad a través de la adivinación con cauries (caracoles/ búzios), dijo que el Rey se curaría si él le preparaba una especie de sopa curativa hecha con ciertas partes del cuerpo de un elefante, de lo contrario moriría en una semana (4 días – semana yoruba).
Tanto el Rey como los ancianos y jefes del palacio, vieron que sería una difícil tarea capturar un elefante y además en tan corto tiempo. Siendo así, el Rey hizo que sus mensajeros anunciaran a todo el pueblo, que aquel que capturara un elefante dentro del correr de cuatro días, lo recompensaría otorgándole la mitad de su reino y le entregaría a su hermosa hija como esposa. El casarse con la única hija del Rey, significaba además, transformarse en el sucesor al trono.
En ese pueblo vivía también Ajapa (la Tortuga), que se destaca por su gran astucia e ingenio. Cuando escuchó la noticia, fue corriendo al palacio y se ofreció para capturar un elefante. Ajapa dijo:
“Traeré un elefante antes que termine la semana!. Sin embargo, quiero que caven un pozo muy grande y profundo en la entrada del pueblo, luego cúbranlo con esteras y pongan encima un trono.”

Se le comunicó la petición de Ajapa al Rey y éste estuvo de acuerdo. Sus súbditos entonces cavaron el gran pozo, lo cubrieron con esteras y encima colocaron un trono.
Luego Ajapa partió para su casa y se puso a fritar muchos akara (bollos de frijoles), los puso en un bolso y salió rumbo al bosque en búsqueda de un elefante. Estuvo yendo de aquí para allá, preguntando a otros animales sobre la presencia de algún elefante por la zona. Luego de dos días de búsqueda, finalmente se encontró con un elefante que descansaba bajo un gran árbol de baobad. Ajapa se le acercó saludando: “¡Buen descanso!”
“Bienvenido” – Respondió el Elefante.
Ajapa dijo: ¿No te has enterado de lo que está sucediendo?
– No! ¿Qué está pasando? – Preguntó el Elefante.
– El Rey ha muerto y el primer elefante que se presente en el palacio será coronado como el nuevo rey! – contestó Ajapa.
– ¿Coronarán rey a un elefante? Debes estar bromeando!
– No es broma! – dijo Ajapa – Ya están haciendo los preparativos para la coronación y el festejo. Mira, traje algo de la comida que están preparando para el banquete! – Y le mostró los akara dentro del bolso.
– Mmmm! Se ven deliciosos! Está bien! vamos en camino! Debo llegar antes que otro elefante me robe el trono! – Dijo el Elefante accediendo a acompañarle hasta el palacio.

Mientras caminaban rumbo al pueblo, Ajapa le iba dando akara cada tanto al Elefante y entonaba una canción que relataba como el elefante sería coronado rey. El Elefante por su parte, iba muy contento y le hacía coro.
A medida que se acercaban al caserío, el rumor de que Ajapa había capturado y traía un elefante se empezó a esparcir por el pueblo, por tal motivo, empezaron a acercarse y a seguirlos los curiosos en caravana. Algunos se unían también en el canto y hasta bailaban en un ambiente festivo a medida que avanzaban. El Elefante entonces se convenció aún más de que sería el rey, pues dijo: “Debe ser cierto lo que me has dicho! Pues ha venido mucha gente y me reciben con alegría!”
A esto Ajapa contestó: ¡Claro que es cierto! ¡Acaso no escuchas como cantan conmigo sobre tu reinado y coronación?
Finalmente, llegaron hasta la zona donde se había armado la trampa. Ajapa le dijo:
“¡Ahí está el trono, sobre esas esteras, ve y siéntate en él!
Cuando el Elefante caminó sobre las esteras, inmediatamente se precipitó en el gran pozo quedando atrapado. Los soldados del Rey lo mataron con sus lanzas y flechas. El curandero preparó la medicina con las partes del Elefante y una vez que el Rey la tomó, empezó a sentirse mejor. En pocos días terminó totalmente sano y fuerte. Luego el Rey cumplió su promesa y le dió a Ajapa la mitad de su reino y a su hija como esposa.
Esta fábula yoruba, enseña que siempre se debe desconfiar de aquello que promete mucho por nada o por muy poco. Las cosas se ganan con esfuerzo e inteligencia.
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